Des-ideas intergalácticas de jam session

Un tipo gigantesco y azul, un poco luminoso, con mi pelo y mis manos, me abren un telón brillante y me invita formalmente a desvanecerme, como si hablásemos de un baile en el Titanic o en el Hotel Alvear.  En vez de viejos empilchados me rodean tantas absolutísimas verdades que implosionan pero hacia afuera. Parece una contradicción, ya sé, pero es imposible: aquí no hay contradicción, y aquí es donde estoy. Hay eternidad azul bañando verdades de a baldazos. Ella no miente nunca con los ojos cerrados y acá ya dije que no hay mentiras y no hay ojos tampoco para elegir cómo mentir. Todo es tan absoluto, indiscutible e inentendible como un mensaje de Jesus a los fariseos, que no sé ni quienes son pero se aparecieron como divague que no voy a explicar. Vinieron a la fiesta de mi exceso de consciencia, se ve que eran tipos poco astutos. Ah, y Jesus posiblemente estuvo acá, pero igual que mi cabeza, se desintegró a lo Sai Baba y ahora es polvo de estrellas neuronal.
Que la música cura es un hecho tan demostrado como que la luna llena y la menstruación, pero sin embargo personalmente más me curan las letras. El que no crea ambas cosas se está perdiendo de algo, lamento comunicarle. Que se fije si le está rezando al santo correcto, o si tomó la dosis indicada de miel.
En esta eternidad cuántica en donde mi azul  guardián oficia de portero, ya las manos no servirán porque es puro concepto. Por eso ya no tengo manos, sólo tengo pelo para parecerme a él, no me vi en un espejo pero seguramente esté también yo azul. Por primera vez me olvidé del tiempo, que acá no pierdo porque ya todo es concepto, como dije mil veces. Mi tiempo no serviría, no hay estrellas hechas de relojes como no hay canciones casi hechas de solos de contrabajo (por ahora y casi, dije).
El que no me tenga paciencia ahora, ya se va a acordar entre una vida y otra. Y va a ser tarde, o temprano, o futuro o pasado. Yo voy a estar en la tierra o en una estrella con otros azules que a los pitufos nada que ver. Más bien todo lo contrario, si quisieran imaginarlos.
Y acá no hay zapatos de plataforma, así que minitas ni lo intenten.

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