Chismeríos de fogón

Mientas las barcas pesqueras se mecían en el agua, recortando su silueta contra el cielo estrellado como sólo se ve en momentos de magia, yo pensaba que no podía ser posible. La voz que sonaba a mis espaldas no podía ser real.

La oscuridad de las cuadras previas a llegar a lo de Ney te preparan las pupilas para que puedas captarlo todo, aún en plena noche. Las velas en pocitos que alguien cava cada noche en la arena, en el camino por la playa hasta la casa, avisan a quien sabe entenderlas que están marcando el camino a la sensibilidad, que si la tenías escondida la hagas aflorar. Una vez acostumbrado a la oscuridad, podés ver el espacio, iluminado con más velas, la luz de la casa y la de un fogón en la arena. A unos pasos, el agua del arroyo hace de espejo al cielo y termina de cerrar el cuadro de los elementos: Tenemos tierra, aire, fuego y agua, nos sentimos vivos, los pies descalzos, los oídos empalagados de dulzura con la voz, que, insisto, no podía ser real. El olor a madera sale de la cabaña y las sillas dispuestas en el “jardín” (porque algunos tienen un jardín con arena y agua, en vez de vereda), y te invita a sentarte y nada más. Contemplar y cantar.
A mis espaldas, el fogón reunía sonrisas, la guitarra de Franco y el ukelele de Ney, que milagrosamente había quedado mudo, como todos nosotros (el ukelele de Ney, por suerte, siempre suena). La dulce, dulcísima voz de Cintia nos dejaba en trance a todos como si tuviese algún poder de hada, y no pude evitar dejar mi cámara para unirme al fuego. Ella con sus rulos sueltos y una simpleza comnovedora, nos cantaba en todos los idiomas como si fuesen uno: la samba brasilera le sentaba tan increíblemente bien como el jazz. Pero una canción me llamó la atención por sobre el resto. Una canción que hablaba de las cosas que conformaban lo importante de mi vida esa semana: el viento, la luna, el mar, la bruma, el amor. La música. El sonido que acompañaba era una guitarra igual de dulce, los grillos y alguien que movía los leños. Nada más. Todos los que compartimos el jardín de Ney esa noche estábamos hipnotizados por sus Chismeríos.

1 b

3 b

Regalense un ratito y escúchenlo, a ver si resisten al efecto…

viento vino y me contó
si refleja luz lunar
cuando niño mira mar
nena canta y es de amor

vino luna y me contó
cuando luna va nacer
nena canta florecer
niño llora y es de amor

vino el mar y me contó
cuando viento trae luna
su cantar despeja bruma
niño y nena, son de amor

– Franco y Cintia son parte de “Paquito y sus viajes por la tierra y la luna”, un hermoso grupo que hace canciones de adultos versión para niños, o canciones para adultos versión para adultos, o como sea. Acá está el disco completo, Recomendadisisisimo! Yo ya lo tengo en mis manos, es una obrita de arte muy bonita de comprar y regalar(se).

2 b

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