Sobre la vuelta de un viaje “corto”

Volví de un viaje intenso y se nota. Se nota porque estoy deshabituada y deshabitada: lo primero porque no tengo hábitos, porque los perdí al viajar, sin mucha melancolía ni apego. Aunque sea un viaje corto, hasta si es un fin de semana, de lo primero que me despojo es de ellos. Algunos hábitos persisten y quieren quedarse, pero voy olvidándolos de a poco, y cuando llega el punto en que ya no sigo la coreografía melevanto-mebaño, siento que ahí sí, ya entré en sintonía con el viajar. Lo segundo, porque cuando vuelvo genero crisis pacíficas con todo. Con la vida, con recibirme, con volver a los hábitos, hasta con subir fotos del viaje a Facebook o no. Sin embargo, no dejo que eso me quite la calma, ni perturbe los días que necesito para que el alma vuelva junto al cuerpo (dicen que al regresar el alma vuelve más tarde que el cuerpo, y estoy totalmente de acuerdo). Son días donde veo todo bastante gris y hasta eso me importa poco. De alguna manera me pongo tan cerebral y analítica que me cuesta seguir el hilo mismo de mis ideas, cosa que en realidad me pasa todo el tiempo pero en estos momentos es alarmante, casi desesperante. Me doy cuenta porque quiero escribir (a mano, como siempre) para aflojar un poco, escritura terapéutica digamos, y nisiquiera puedo terminar una oración porque ya mi cabeza está en otra idea totalmente distinta. Entonces hoy preferí romper el hábito de la escritura lápiz y papel, y escribir de una en la computadora, cosa que en general me cuesta bastante pero hoy me viene excelente porque mis dedos tipean tan rápido que puedo divagar y divagar y después darle un poco más de forma (¡O eso creo!).

Una de las crisis pacíficas es con este espacio. Con el blog, pobre (¿Qué me hizo?¿ Por qué me la agarro con él?). Con los registros, con los matices, con el objeto, con todo. Con lo literario y con lo cercano y lejano de mí y también del lector. Con mi voz, y con mi contenido. Tal vez necesito una inmersión en el otro taller de Maga, o tal vez necesite tener varias secciones acá adentro para poder escribir lo que va surgiendo de las mil maneras que se me ocurran, o no sé, simplemente dejarme ser. Tengo la manía de hacer las cosas como si todo fuese lo más importante del mundo, como si todo me definiera y como si todo tuviese que ser algo totalmente masticado, decidido y corregido. En parte es una buena manía, porque hace que en general haga las cosas masomenos bien, o al menos lo mejor que puedo. Por otro lado me sobreexijo, y noto que me quito frescura (hablo desde en la escritura hasta en los diseños y en la decoración de mi cuarto, en todo). En ciertas cosas me siento más segura, pero escribiendo y publicando soy una principiante al fin y al cabo, y hay decisiones que cuesta tomar o que nisiquiera se me ocurría que iba a tener que tomar…Supongo que la mayoría de los bloggers me entiende (¡Digan que sí, digan que sí!).

En cuanto al viaje, fueron 13 o 14 días al hermosísimo Uruguay, otra vez. Siempre me moviliza el país vecino, tiene algo de “lo que quiero ser” que me hace replantearme cosas de una manera bastante sana, digamos, sin ser impulsiva, ni atolondrada, ni histérica (¿Cómo serlo en un país tan calmo?). Así es que encuentro en él un lindo equilibro, cosa que por estos pagos anda faltando mucho. Tiene un buen punto medio entre la actividad y la calma, un buen ritmo, creo, para no estancarse ni estresarse demasiado (siempre hablando de generalidades, claro). Tiene una distancia ideal entre los lugares, tanto dentro de la capital como entre ciudades. Tiene una Montevideo llena de grafittis geniales, de iniciativas, de rincones con calidez humana por todos lados. Hay playas bonitas a 20km del centro y hay luagres directamente paradisíacos a 300. Hay campo y sierras, hay playa y ciudad, y todo muy cerca. Claro que esto me llama la atención porque mi país es bastante grande, y todo queda a horas y horas de distancia, lo que lo hace bastante difícil y caro de recorrer, comparado con otros lugares claro. En Uruguay hay Brasil, y Argentina. Y, lo que más me llama la atención, la generalidad de la gente (aunque se queje y patalee por deporte, igual que los argentinos) cree en el lugar en el que vive. Me parece un lugar extremadamente sano, y eso es lo que me gusta más que todo: Ese conjunto que habla de una salubridad que al menos yo percibo constantemente.

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Las palabras sobre cada lugar visitado en particular están todas dando vueltas queriendo salir, pero aún necesito terminar de volver. Mientras tanto, aprovecho la energía que me traje y vuelvo a encender los motores. Sin embargo no puedo evitar pensar en cada atardecer en la ciudad, que un espectáculo increíblemente maravilloso está sucediendo no tan lejos de acá. Ya hablé de los atardeceres, y Uruguay se lleva varios premios en ese aspecto. Cada vez que voy encuentro algunos más lindos, siempre colores únicos, escenarios nuevos, temperaturas distintas. Aw, saudade absoluta. Espero poder desenredar la maraña de palabras y recuerdos para los próximos posts…

_MG_0156Que la pantalla de cine que transmita esta escena sea mi ventana no es cosa de todos los días…

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¡El atardecer en Montevideo genera momentos lindos siempre siempre, no falla!

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2 comentarios en “Sobre la vuelta de un viaje “corto”

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