J de Jazmín

Se me sube una hormiga por la pierna, no sé como apareció entre las sábanas. Pero como me parece más tierna que un mosquito, no la mato con el matamoscas que tengo perfectamente a mano, sólo la saco hasta con algo de cuidado para no lastimarla. ¡No tiene sentido! ¿Te das cuenta que es totalmente absurdo, no?
En mi mesa de luz, una caja de metal, un reloj despertador que uso para no seguir hasta el mediodía nomás, un velador poco apropiado para leer y escribir, que yo uso para leer y escribir. Un collar roto, un buda plástico de la buena energía, y también – Infaltable hoy – el matamoscas en aerosol, de unos colores horribles y con bichos patas para arriba en el envase.
Quisiera que en la mesita haya un jazmín, o mejor un ramito de jazmines con un lindo florero, tamaño mediano, armonioso con el tamaño de las flores. Claro, porque la lámpara que sea cualquiera, pero el florerito que sea “armonioso”. Un éxito, designer.
Si hubiese un jazmincito ahí, en la mesita sobre la derecha de mi cama, yo podría perderme al menos unos segunditos en la textura de sus blancos, tan comesible realmente. Y, lo mejor de todo, cada vez que me diese vuelta en medio de este desvelo, me llegaría su perfume, mi preferido junto a los cítricos, y sería como un regalo, un alivio, un rico estímulo. Oler unos mimos frescos. Pero no lo tengo, claro, sólo el despertador y el collar roto y la lámpara incorrecta.

Tal vez en estos días vea al chico del semáforo,
que siempre vende esos ramitos.

Entre una posición y otra mi cabeza baila en la almohada a velocidades algo estrafalarias, a las velocidades de los sueños y las ideas, sobre todo estas ideas, las nocturnas.
Lo idealideal sería, en realidad, que el jazmín entre por la ventana directamente desde la planta, desde un jardín frondosísimo con flores de todas las gamas de colores existentes, y no escuchar el ruido de estas motos. Que una viejita cuide al jardín y al jazmín, y me regale uno para seguir viajando, porque me encanta viajar por Nicaragua seguro, ¿Qué habrá en Nicaragua?. La viejita es tan tan dulce con su espalda curvada que no sé ni cómo abrazarla antes de irme, porque qué difícil esto de las despedidas en velocidad ideas-nocturnas.

Un jazmín, sí, un jazmín sería ideal.

Hace tanto calor que hasta al buda de plástico le brilla el bochín. Ni una gota de aire entra, ni una. Hace días que no veo un lindo atardecer…Hoy estaba anaranjado pero la ciudad no lo dejaba ser, pobre. ¿Pobre? ¡Pobre vos que te lo perdiste! Tenés que dejar de personificar cosas que no.

Aprovechar el tiempo, aprovechar el tiempo, ¿Qué es aprovechar el tiempo? ¿Quién inventó lo de “aprovechar”? Estoy acá deseando el viaje, y el viaje me haría desear este cambio necesario, de aire, de casa, de hábitat. El concepto de ocio tan abrumador, tan capitalísticamente tremendo. Hay, me quiero dormir por dios.

No me tengo que olvidar de los jazmines.
Sí,mañana me compro unos jazmines.

Anuncios

4 comentarios en “J de Jazmín

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s