F de Fantasía

No pasaron 40 minutos desde que llegamos que ya vino mi rato de estar sola. Más rápido de lo que creía pero no más rápido de lo que quería, de repente tenía en mano la bici que me prestó Ona, además de prestarnos un pedacito de su hermosa casa con velitas repartiendo ricos aromas por todos lados, con maderas patinadas y sol a la mañana sobre las flores que se apropian de buena parte del patio, llenando todo de colores amarillos, rojos y lavandas.

Salgo a la 18 de Julio para no perderme (porque acá 18 de Julio y Artigas hay por todos lados y siempre son calles principales) y también para asegurarme ver el río antes de que caiga el sol. No reparé un segundo en las vidrieras de los negocios, que si hay ropas o trípodes o llaves, que si hay libros usados o veladores, o si se vende pan y facturas igual que en Baires. Imagino ahora todas las facturas con formas nuevas o no tan nuevas que me perdí, con los dulces puestos de maneras diferentes, como toda una geometría novedosa perfecta para el paladar de una golosa como yo. Por no mirarlas, no sé si las chicas de la panadería usan esos gorritos champignones que las hace ver como constructoras de la casa de la bruja de Hansel y Gretel. Tampoco sé si agarran las facturas con alguna pinza rara, o con un pincho o con la mano directamente y en confianza, o si las entregan recién saliditas del horno con el olorcito que traspasa cualquier envase. No sé si las entregan en bolsitas de cartón o en cajitas o en quien sabe qué tradición para mí nunca vista. Pero nisiquiera recuerdo haber sentido ese sabor-olor a panadería. Y eso que seguro entre tantas cuadras pasé por alguna. Y eso que era la hora de la merienda, y en el paisíto nadie se resiste a una merienda de mate con facturas. Bueno, ¿En algún lugar del mundo alguien se resistirá a una merienda de mate con facturas una vez que lo probó? No creo. No hay croissant francés que pueda con nuestras medialunas de grasa.

Pero no sé, seguí de largo en bicicleta y la cuestión fue que después de pedalear unas pocas cuadras llegué como flecha justito justito a un escenario que estaba esperándome a mí, seguramente a mí: atrás del Club de Remeros (¿O remadores?) había un auto, uno de esos fusquita que tanto se ven por ahí, abandonado por sus dueños pero muy bien recibido por las plantas que se encargaron de darle vida, y por algún artista que se encargó de graffitearlo y dejarlo obra inerte sobre el empedrado al lado del río. Lo enmarcaban asimétricamente a varios metros dos muros de ladrillo colorado del club, y por encima, ¿pueden creerlo?, un puente que unía por un primer piso ambos edificios de ladrillo, casi volando en el exterior, a metros del río, con el tamaño y ubicación perfectos para enmarcar mi foto del auto artístico casi tomado por las plantas. Ellas lo ataban al piso y se fundían con el espacio, como pidiendo por favor que no se vaya más, creando todo un mundo debajo de su chasis, esqueleto metálico. Pero yo no vi lo que había exactamente abajo del auto, porque por mirar los colores y las formas y querer fotografiarlo, me perdí de ese pequeñito universo, tal y como me perdí de las facturas extranjeras. Habría un mundo de hormiguitas en fila que sacarían comida de quien sabe qué lugarcito entre tanta carrocería vieja. Habría vaquitas de San Antonio descansando antes de salir a cumplir los deseos de niños que se acercan al río, o arañas esperando conseguir un lugar mejor para tejer sus trampas. Habría alguna burbuja tal vez, atrapada entre pastos, o un papel con un boceto de poesía, abollado y abandonado como el auto-planta. Habría un deseo escrito en un boleto de tren, que voló y voló, o se enganchó de alguna bici como la mía, hasta llegar a la casa de las vaquitas de San Antonio que lo cumplirían tal vez más adelante. Y yo tan igual que siempre, queriendo abrir más los sentidos, tocando los ladrillos y el empedrado, y queriendo conseguir el encuadre ideal, pero perdiéndome para siempre algún especial universo efímero.

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2 comentarios en “F de Fantasía

  1. jack dijo:

    “No hay croissant francés que pueda con nuestras medialunas de grasa.” Buenísimo! 😛 Me ha gustado mucho el post y desde que empezamos el taller a mí también me pasa de publicar cosas en el blog que habían nacido para Norte de papel! Pero, por eso nos apuntamos no? Para evolucionar en nuestra escritura y presentar los resultados en nuestros escaparates virtuales!
    un abrazote
    jack

    • Giuliana Snt dijo:

      Claro que sí 🙂 Y para ver los resultados de otros en blogs geniales como el tuyo también. En eso estamos!
      Por cierto, te espero con unos mates con mediaslunas de grasa cuando la libertad viajera de traiga para el sur!
      Otro abrazo y gracias!

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