E de Esculturas, de Escenográfico, de Energía

Una casa gigantesca sobre una avenida con boulevard, que fue escuela pública según me enteré después, y ahora es de todo: vivienda, taller, boutique y un hermoso bar. Casa que parece múltiples casas y cosas, y lo es.

Llegué a ella (o a él, en realidad, que es la escencia del lugar) después de caminar perdiéndome sin destino ni tiempo por las callecitas de pueblo, con la cámara el mano, el atardecer a punto de darme la luz que más me gusta, y los sentidos hambrientos de estímulos, como si hubiesen recién despertado de hibernar. La casualidad o causalidad hizo que la persona correcta, el genio de Federico, supiese de mi intención de salir con cámara y trípode a pasear por el pueblo y visitar el bar, donde él iba a estar formando parte de una clínica de jazz (Que cool suena, ¿No?), así que me dijo: “Vení que les decimos que te muestren el taller que hay atrás del bar, hay antiguedades y máquinas que te van a encantar”. Pensé que sería interesante, habría alguna prensadora de las de antes, algo por el estilo…

Pero no. Pasé por una puerta que no había percibido, y entré, medio despistada y ya llena de imágenes por el paseo anterior, al taller de artista más bonito y con la energía más fabulosa que visité jamás. Y me presentaron al maestro detrás de tan increíble lugar (del taller, la casa, la boutique y el bar), una persona tan tan pacífica, paciente, transparente y culta, o sabia mejor dicho, que no yo sabía ni siquiera cómo tratarlo. No lo conocía pero sabía que debía ser alguien importante, no en la manera en que usualmente concebimos a alguien importante, como un embajador o un gran empresario, sino en el modo en que la gente simple y sabia es importante. Desinteresadamente, como quien no quiere la cosa. Le pregunté otra vez su nombre, rogándole a mi memoria que esta vez sí lo retenga, que no me juegue la mala pasada de siempre con las lagunas de apellidos, fechas y caminos que aparecen y desaparecen. Pero lo retuve y aún lo retengo clariiiiito clarito: el señor es el artista plástico Alvar Colombo. En su hermoso taller acumula sus cosas, sus obras, sus herramientas, animales, pensamientos, todo (des)acomodado de una manera tan armónica e involuntariamente escenográfica, donde la luz ilumina todos los pinceles y frasquitos de barnices en el momento y la intensidad justas, mientras en el aire se ven esas pelusitas volando, iluminadas a contraluz por el atardecer que se infiltra a través del ventanal de vidrios repartidos. Me hizo pensar en alguna película de Tim Burton.

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Mientras yo caminaba ansiosa por ver y registrar y conversar y retener todo lo posible, él me hablaba tranquilamente de arte, de la casa, del pueblo, de la cultura, de una Buenos Aires bastante idealizada, de sus ganas de abrir un curso y también de las piezas que se le pasaron de cocción, que mirá como se rajaron aquí, que sacale una foto a las plantitas de allá, que es gracioso como el gato como se asoma, porque sabe que es la hora de su comida, que es cierto, la luz del atardecer le sienta ideal a su patio.

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Hay taller adentro y afuera, en espacios con el tamaño suficiente como para hacerte sentir en un espacio íntimo, pero a la vez tan enorme que no dan los ojos para ver cada centímetro repleto de cosas. El patio se mezcla de a rincones con la vivienda de él y su familia. Pero sólo de a rincones, porque también hay hornos para cerámica y piezas de escultura repartidas entre las plantas esperando por mis ojos y mi lente. Caminitos y caminitos entre las hojas y las ramas, regaderas de latón, baldosas sueltas desde quién sabe cuánto hace, tantas cosas para ver que y el sol justito yéndose, como recordándome sobre lo efímero de los momentos.

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Después de las fotos, las mascotas y la visita de Federico y Alfonso, nos fuimos, invitándonos entre todos a vernos a la noche porque ellos tocaban en ese mismo bar.

Al final no lo volvimos a ver, pero me quedé pensando, y vuelvo a pensar ahora, en lo perfecto que es ir viajando y conociendo lugares, legados y personas a las que recordar para siempre, y tener la esperanza de volver a visitar en la próxima recorrida…

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3 comentarios en “E de Esculturas, de Escenográfico, de Energía

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