A de Atardece

Está atardeciendo, y siempre resulta un momento del día de lo más movilizante. La energía de la noche es fuerte, y para mí, anuncia su llegada con bombos y platillos.

En Buenos Aires el atardecer es un poco menos visual, porque el sol se oculta atrás de los edificios (o de las casas, con suerte). Jamás vemos el horizonte, como mucho al afilar la mirada para llegar a los lejos de una avenida, a menos que te lo impidan los benditos cables que se cruzan y descruzan interrumpiendo el paso de nuestros ojos.

Hoy realmente tengo ganas de mirar el atardecer, de suspender el tiempo y mirar el sol de frente sin recibir sus flechazos en los ojos. ¿Cómo será vivir en una ciudad donde los atardeceres sean parte de la rutina? No digo habitar la llanura pampeana, donde el sol se oculta en el horizonte al nivel de los ojos, y entre él y nostoros tantos kilómetros de campos que la perspectiva es indescifrable, pero hoy estoy pensando en los atardeceres en la hermosa Montevideo.ImagenImagen

Este verano vi uno de los más lindos podía imaginar para una gran ciudad: él, hecho un círculo naranja perfecto, escondiéndose con el ritmo justo para que mis ojos, hambrientos de momentos como este, puedan percibirlo, mirar como milímetro a milímetro, se iba yendo con elegancia. El ritmo de la ciudad baja aún más (es que yo percibo hasta las horas pico como calmas en Montevideo, como buena porteña acelerada), y la gente se empieza a acercar, infaltable termo bajo el brazo y mate en mano, mirando a los que pasan haciendo ejercicio o caminando con sus mascotas, mirando la línea donde termina el mar y empieza el cielo…En el aire casi que puedo escuchar el eco de los tambores que no suenan desde el domingo, pero que quedaron ahí, candombeando entre la Ciudad Vieja y el horizonte.Imagen

Abismalmente diferentes, menos místicos, más urbanos, eran mis atardeceres al volver de la universidad, en algún momento de mi carrera. Tomaba el colectivo que va por autopista, y la recorría exactamente mientras caía el sol. La gente empezaba a llegar a sus casas, abrir las cortinas y encender la luz, y me dejaba espiar un poquito de sus vidas, e imaginar el resto. No sé exactamente si por curiosa, por estudiar Diseño de Interiores o por divagada, o por todo eso junto tal vez, pero me intriga y fascina ver como la gente vive (o mejor espiar inocentemente, en lo posible).

Cajitas y cajitas iguales, apiladas, puestas una al lado de la otra como en las cajas donde yo guardaba mis mostacillas cuando era niña. Cada cajita está decorada a gusto y funcionalidad de quien lo habite (o eso se supone), así que quien pueda ver un poquito de ellos tiene material para hacerse toda una película de cada cajita.

Y todo eso sucedía mientras caía el sol, igual que caía en el mismo momento en la vecina Montevideo, en las sierras de Córdoba, en Casa Pueblo, mientras suena el audio de aquel hermoso poema, en Río de Janeiro, aplaudido por los espectadores como obra de teatro natural, en algún pueblito del sur de Brasil mientras un morenito corre llevándole una flor a su mamá, en el medio del campo mientras algún gaucho toma mate deseando la lluvia que lo ayude a dar frutos con su trabajo…

Todo esto surgió en el marco de Días de Abecedario, juego-propuesta de Dinámicas Creativas. Desde hoy, y en los próximos 26 días, escribiré una publicación cada día, una por cada letra del abecedario. A juzgar por lo que vengo escribiendo en promedio desde que abrí el blog, es un montónnnnn de material, no? Pero realmente no creo que me cueste tanto, porque estoy en unos días de muchas letras, de hojas y hojas llenas de ideas y de mucho fluír “literario”, gracias al hermoso taller Norte de Papel. Conozcan más sobre él y sobre los talleres que ofrecen Magalí y Marina a través de Caminomundos, mi experiencia en esta primer semana es alucinante ♥ Ya contaré más.

¡Hasta prontísimo!

 

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8 comentarios en “A de Atardece

  1. qmlmblogdeviajes dijo:

    Montevideo me ha regalado, muy generosamente, los atardeceres más lindos. Aunque no debo ser injusta, Uruguay me los ha regalado.
    La rambla es bella para ver el atardecer, y la luna saliendo, si el sol te impresionó por lo grande y naranja, una luna llena… simplemente te deja sin aliento. Es conmovedor.
    En el río Santa Julia, vi un amanecer impresionante, y en Atlantida me empache de atardeceres a las 21.00 horas durante 1 semana. (y todavía no he mencionado Colonia 🙂

    Qué Memoria La Mía | Blog de viaje

  2. Patricia dijo:

    ¡¡Muy lindos los atardeceres!! cuando fui por primera vez a Perú, pasé por su capital unos 5 días, paramos en la casa de una chica que habíamos conocido en Cusco, y que vivía por ese entonces Lima. Me habían comentado que en esa época del año, Lima estaba habitualmente cubierta de niebla. Era la primera vez que estaba del otro lado del continente, y recuerdo que ansiaba ver un atardecer en donde el sol se adentrara en el mar… tan acostumbrada a verlo nacer desde el mar de mi ciudad balnearia… Y por suerte, hubo un día de pleno sol, bien despejado que me brindó la posibilidad de disfrutar de ese bello atardecer sobre el mar del pacifico… A seguir disfrutando de atardeceres!!! besos

    • Giuliana Snt dijo:

      Gracias Patricia! 🙂 Todavía no ví un atardecer en Lima pero espero que cuando la conozca la ciudad me regale un día así, descubierto y atardecido. A veces los lugares se preparan y se ponen “lindos” para que los conozcamos, parecería.
      Te mando un abrazo y me voy a dar una vuelta a “charlar y caminar”!

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